En estos días, una de nuestras universitarias me contó sobre una dinámica que realizó con el grupo de universitarias que dirige. Son más de 15 chicas. Les dijo: “esta mitad de aquí está a favor de las relaciones prematrimoniales y esta mitad está en contra. Yo soy una chica de 23 años, hace 5 años que estoy de novia y no sé qué hacer frente al tema, ¿qué me dirían?”. Al silencio generado por su pregunta, continuó diciendo: “Bueno, está bien, en lugar de 5 años, digamos mejor 3 meses”. Entonces el grupo en contra pudo comenzar diciendo: “mirá… pensalo bien, mirá si después cortan, etc, etc, etc”
Días más tarde, con otra portadora de universitarias más, evaluamos la situación y la dinámica que se había utilizado. Vimos que los argumentos de quienes estaban en contra, no eran sólidos para convencer al grupo que se mostraba a favor. Y nos decíamos: “hasta que nuestras chicas no descubran el ideal de la pureza y virginidad, y no vean en él una mera ley o costumbre, no van a saber vivirlo…”
Una ley o una costumbre, no va a convencer a mi amiga atea -que es tan noble y buena como mi amiga cristiana- a que deje de tener relaciones con su novio. Sin embargo un testimonio de vida de alegría plena, sí. Y para llegar a vivir ese testimonio, primero hay que enamorarse del ideal de la pureza, con todo el estilo de vida que ese ideal conlleva.
Si hablamos de AMOR, hablamos de un amor en todos sus grados y formas, no sólo del amor sexual. Podríamos hablar del AMOR como de una esfera de 360°. Llegar a vivir los 360° del AMOR, es el desafío que se nos presenta hoy.
En cada vínculo que tengo, puedo evaluar qué grado de amor vivo, si sólo 30°, 90° ó 150°. Mientras más abarcativo sea mi ángulo, mayor amor viviré.
Ahora, la pregunta puede ser: ¿cómo hago para que en el noviazgo ponga bases para que a futuro ese grado del amor aumente entre los dos para llegar a abarcar lo más posible de esos 360°?
Primer punto: es clave vivir una sexualidad ordenada. ¿Qué significa? Por lo general al hablar de sexualidad se refiere sólo a lo corporal, y aquí está el gran error. El Padre Kentenich nos enseñaba que el instinto sexual es un instinto “virtualiter triplex”, ¿qué es esto? Es un instinto conformado por tres dimensiones:
- El instinto del cuerpo
- El instinto del alma
- El instinto creador
Otra chica universitaria me contaba: “me dijeron que estaba loca, que era un extraterrestre, porque para ellos no podía haber forma de que yo fuera virgen”. ¿Por qué está chica no es extraterrestre? Porque cuando se vive el instinto sexual en sus tres dimensiones, no sólo permite vivir la virginidad física, sino que lleva a un estilo de vida que genera una felicidad profunda, serena, estable.
Hoy se vive como si la sexualidad fuera sólo cuerpo, entonces, así como cuando el cuerpo pide alimento, hay que darle lo que pide también a nivel sexual, pero no se tiene en cuenta que así como no le damos siempre el alimento que pide porque sabemos que el alimento en exceso tiene consecuencias malas, así también hay que educarlo para que una sexualidad parcializada no le genere daño ni al cuerpo ni al alma.
Si queremos vivir el mayor grado de la esfera del amor, no se pueden negar las otras dos dimensiones del instinto sexual: el instinto del alma y el instinto creador.
Un noviazgo que sustenta su vínculo en el instinto del cuerpo, es un noviazgo de poco futuro. En cambio si entre los dos se preocupan por vivir plenamente el instinto del alma, y el instinto creador, seguramente ese noviazgo pondrá buenas bases para llegar a cubrir algún día una gran totalidad de la esfera del AMOR.
¿A qué se refiere el instinto del alma? Lo aprendimos en nuestra preparación a la Alianza de Amor con la Mater: dos corazones y un solo latido. Se trata de acercar por el diálogo y el compartir, los mundos espirituales de cada uno. Un ejemplo, ella expresa: “el día que nos casemos y tengamos nuestros hijos…”, ella piensa: “qué lindo, tener un hogar juntos, formar una familia, compartir desafíos y luchas, crecer juntos”. Y él piensa: “¡Mi Dios! Ya está pensando en casarse… ¿casarnos? ¿cuántas horas tendré que trabajar yo para juntar el dinero suficiente?, ¿cuántas horas tendrá que trabajar ella? ¿qué tipo de estándar de vida podremos tener?, etc”. Frente a una meta expresada como sueño a futuro –el casamiento- los dos parten de puntos de vista distintos. Esos puntos de vista todavía no han llegado a unirse, y aquí la importancia del diálogo y del compartir para llegar a que los dos corazones latan por lo mismo.
Se trata de un alma que tiende hacia la otra. Es la riqueza de la complementación, pero a la vez el desafío. Muchas veces no resulta cómodo el diálogo, porque significa mucha apertura, mucha escucha y comprensión. Pero a la larga es el único fundamento de la fidelidad matrimonial. Y es el tiempo del noviazgo donde se ponen las bases.
El latir de las dos almas por una misma causa es lo que en definitiva le dice el uno al otro si están hechos para sí, si es la persona con la que van a poder compartir toda una vida.
Es llamativo ver que muchos matrimonios conversan temas como los hijos que quieren tener, el método que utilizarán para planear la familia, la educación que le darán, recién cuando se casan. Y muchas veces pasa que recién ahí se desayunan con que tienen criterios distintos.
Hay cosas que conviene conversarlas antes, en el noviazgo o en la preparación remota al casamiento, no tanto para saber si el anhelo del número de hijos coincide, sino más bien para saber la actitud básica frente al tema, o frente a tantos otros temas que van más allá de los futuros hijos.
Hay también noviazgos que según la etapa de sus vidas en la que se encuentran, es anti natural o anti espontáneo conversar de familia, hijos, casamiento, etc. Son los noviazgos de cuando tienen 16 a 21 años, o los primeros meses del noviazgo. Aquí obviamente que ni la chica ni el chico quieren hablar de casamiento, sencillamente porque no es la etapa para hacerlo. El noviazgo tiene que ser la plenitud de una amistad entre hombre y mujer. Y así como lo hacen los amigos, es lindo compartir muchas cosas: opiniones, gustos, intereses, programas, y tantas cosas más que se pueden compartir en una amistad. El novio es el mejor amigo (eso de tener un novio y además un mejor amigo, es bastante confuso y lleva a que se dañe el noviazgo o la amistad). Puedo estar lleva de amigos, pero el mejor amigo es con el que comparto más cosas, más anhelos, más sueños. Y al compartirlos veo que hay tanta afinidad, que me lleva a vivir un noviazgo.
Es esta amistad entre hombre y mujer propia del noviazgo, que lleva a vivir la tercera dimensión: el instinto creador.
Se trata de la creatividad en el noviazgo: creatividad en los programas que realizamos, en los proyectos que emprendemos, en las cosas que hacemos. Se trata de la creatividad para expresar con pequeños gestos un gran amor. Por ejemplo: el tiene que rendir y ella lo quiere ver. Sin embargo renuncia a poder verlo para que pueda estudiar, pero se preocupa de hacerle llegar un chocolate con una tarjeta: “Suerte en el estudio”. Para él, el chocolate y esa tarjeta puede ser –en ese momento- algo tanto más valioso que la visita misma, porque le va a hablar de respeto, de apoyo y compañía. El noviazgo que cae siempre en los mismos programas, que no dialogan, que se ven sólo en los programas nocturnos, son noviazgos que se tornan aburridos. Y el amor verdadero nunca es aburrido, porque siempre es creativo.
Otro ejemplo: un noviazgo a la distancia: ella encuentra por youtube un video con un diálogo cantado en inglés que le hace recordar o conversado alguna vez con él. Se lo hace llegar. Y cuando se ven, comienzan a ensayarlo y prepararlo para representarlo frente a la familia de ella. Resultado: fue un momento muy ameno, donde todos se reían y compartían, generando que los papás y abuelos también quisieran actuar y cantar para aumentar el ambiente de alegría sana y espontánea.
Un noviazgo creativo es un noviazgo alegre, y donde reina la alegría se despiertan las virtudes más heroicas. En cambio, donde hay aburrimiento reina tristeza, y se genera un ambiente de pantano, donde se despiertan los instintos más bajos.
El instinto de las almas y el instinto creador, llevan a vivir el instinto del cuerpo de una manera más elevada. El cuerpo no habla sólo de piel, carne y huesos. El cuerpo tiene un lenguaje propio que hay que saber escuchar, y ese lenguaje habla de una dimensión más espiritual. El instinto del cuerpo en el noviazgo, se vive desde esa dimensión espiritual. El cuerpo de la mujer habla de la receptividad obsequiosa. Ella quiere ser toda receptividad que implica saber escuchar, recibir del otro, acogerlo. Y a la vez, esa receptividad es obsequiosa, o sea, la mujer vive la entrega: entrega abnegada por una tarea, una misión, etc. La mujer vive la entrega por el otro, por sus necesidades. Ella entrega su tiempo para poder acompañar en momentos difíciles al otro que sufre, o también en grandes y pequeñas alegrías, etc.
Cuántas veces sucede que cuando en un entorno de amigos se descubre que una de ellas todavía vive la pureza, la primera reacción es de burla, o de desconcierto. Sin embargo con el tiempo, esa burla, ese desconcierto, pasa a ser admiración.
Son muchas las chicas que por distintos motivos han perdido su virginidad, y siempre me impresionó en ellas ver cómo ahora luchan con tanto amor por este mundo de ideales. Como decía el Padre Kentenich, una azucena se puede quebrar, pero también puede volver a levantarse.
Las invito a que todas conquistemos un gran campo de azucenas que por su belleza y aroma eleven la dignidad de la mujer. Las invito a que seamos todas azucenas vivas, coronas vivas que elevemos nuestra Patria.
Con cariño y unidas en la oración,
Hna María Sol