publicado en diciembre 09, 2010 12:42

¿Cómo preparo mis vacaciones o algún viaje muy esperado?...
¿Cómo me preparé o me preparo para mi fiesta de quince años? ¿Para mi cena de egresados…? ¿Cómo preparo la semana del colegio? ¿Cómo me preparo antes de salir con mis amigas?
Generalmente para todas estas cosas, tiempo antes “me preparo”. ¿Qué quiere decir “prepararme”?
Quiere decir ordenar con tiempo, organizarme; a veces, esa preparación puede durar horas, días, semanas, meses, y algunas quizás años esperando ese gran día.
Puede suceder que en la vida hayamos recibido visitas inesperadas, y hubiésemos preferido poder tener listas otras cosas; o quizás atender mejor a la persona. O si pensamos en las pequeñas cosas de todos los días, ante un examen, cuando no estudio, cuando no le dedico tiempo, me va mal….
Todo esto nos llama a prepararnos. A estar abiertas, “despiertas” a lo que llegará. ¿Cuál es el sentido de la preparación? Es que todo nuestra persona quiere “recibir” ese momento, a esa persona, ese hecho.
“Madre sin vacilación das tu sí
y puedes llevar a Cristo en tu seno.
Y como el Padre así lo quiere de tí,
eres la Diaconisa,
que prepara en silencio
la Ofrenda del sacrificio”
(Padre Kentenich, “Hacia el Padre”, 341)
Pronto llegará Alguien…
María en silencio “preparó” la Ofrenda, a su mismo Hijo, a quien con todo su amor maternal le dio la vida humana, después de meses de cuidarlo.
El Señor Jesús ya avisó su visita, pero quiere que libremente decidamos darle hogar… un pequeño y humilde hogar; nuestro corazón.
El que va a venir es capaz de trasformar nuestras vidas, de regalarnos la verdadera felicidad, es el tesoro más grande, el milagro de amor más inmenso.
Nada en esta tierra pueda compararse con su llegada…
Él, el Dios que se hizo hombre por amor, quiere establecer en cada una de nosotras su morada.
ÉL YA VINO. ÉL VIENE CADA DÍA. ÉL ES EL QUE VA A VENIR…
Muchas veces no somos conscientes de lo que esto significa.
Puede ser que llegue la Navidad, luego de días de compras, regalos, salidas, comida, y fuegos artificiales y nos encuentre cansadas y sin ánimo.
Es por eso que la Iglesia, que es madre y sabe, nos invita a un tiempo especial. El 28 de noviembre, comienza un período de cuatro semanas llamado Adviento. La Liturgia nos ayuda a que podamos “preparar” dignamente nuestro corazón, como el pequeño, sencillo y humilde pesebre donde el Niño Jesús, en la Nochebuena, va a nacer.
Uno puede ir armando su pequeño pesebre. ¿Cómo armarlo?
Hay muchas maneras de preparar el pesebre también mi pesebre interior. Puede ser un tiempo en donde me esfuerce realmente por estar más en mi casa y ayudar a mi mamá preparando las cosas para las fiestas, visitar amigas, escribir alguna tarjeta para alguien que puede necesitarla. Puede ser: renunciar a comer algo, y dárselo a alguien que- probablemente- en la nochebuena no tenga que comer. Puede ser, el compartir con mis hermanos tiempo, ya que vivimos juntos, pero no sabemos nada uno del otro. Nuestros sacrificios, nuestras alegrías, nuestros esfuerzos por aspirar; y también nuestras debilidades, son una forma de prepararme. Dios ama a sus hijos sencillos. El quiere que volvamos a El, y muchas veces uno no tiene más que regalarle la propia debilidad, y esa debilidad, es la contribución más valiosa a sus ojos.
Es el tiempo de preparación para recibir a Jesús, para hacerle un lugarcito en nuestro corazón al Niño que pronto nacerá.
En cada Iglesia, en cada Santa Misa, donde veamos un pesebre, Él feliz querrá quedarse, pero si algún lugar prefiere a todos estos, ¡ese es nuestro corazón!
Si miramos la historia del mundo, hace más de dos mil años esperaban al Mesías, en todo su esplendor, lleno de majestad… Pero Dios una vez más vuelve a desconcertarnos: “Exaltó a los humildes… “-canta María en el Magnificat-; el Verbo del Padre quiso nacer en la humildad, para que NOSOTROS – sus hijos seamos tan sencillos y pequeños como el Niño en el Pesebre.
Que este Adviento nos encuentre “despiertas”, anhelantes, con un corazón abierto y preparado. Cada una sabrá cómo puede regalar mas, pero no desaprovechemos este tiempo que es un tiempo de gracias especiales.
¡QUE NUESTROS ANHELOS POR JESÚS CREZCAN!
Les deseo un muy bendecido tiempo de Adviento, las acompaño con mi oración.
Desde el Santuario de Nuevo Schoenstatt su Hna María.