Juventud Femenina
domingo, 20 de mayo de 2012
  Columna de Asesoras  

 

 

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09
Una concepción inmaculada para una maternidad divina

Llegó Diciembre. El último mes del año. Mes de locura. Hace calor, se organizan las vacaciones, se preparan las fiestas, hay cenas para despedir el año con amigos y colegas, en fin, mes frenético

 
Paradójicamente, para la Iglesia es el primer mes del año, comienza el adviento, tiempo de preparación a la Navidad y se festejan dos fiestas del inicio de la Vida: una concepción y un nacimiento
 
¿Alguna vez se les ocurrió pensar que en realidad más que nuestro nacimiento deberíamos festejar nuestra concepción? Allí empezó todo. Hay dos personas de quienes sí festejamos su concepción, María el 8 de Diciembre y Jesús el 25 de Marzo.
 
La Teología afirma que María fue llena de Gracias desde el instante mismo de su concepción porque la grandeza de la dignidad a la que había sido llamada, ser madre de Jesús, no podía estar  ni un instante tocada por la herida del pecado.
 
Hoy la concepción para muchos es solo una célula que muy pronto pasa a ser un  conjunto de nuevas células, sin identidad, que se pueden tomar para experimentar porque son totipotentes o pluripotentes o multipotentes de acuerdo a las divisiones que ya haya adquirido. Se calcula con los beneficios para la humanidad al tomar células con potencial generativo para curar tejidos enfermos o enfermedades y nos olvidamos que desde la concepción hay una nueva personita.
 
¿Está bien sacrificar un embrioncito para curar una enfermedad? Claramente no, porque estaríamos juzgando como más valiosa una vida humana que otra. ¿Por qué no se dan a conocer los avances fantásticos con las células estaminales adultas? Sin sacrificar una vida humana, la capacidad generativa de las células estaminales adultas va demostrando que se pueden alcanzar ciertos beneficion. Hay  experimentos muy promisorios.
 
Arrasando con la evidencia científica de una nueva vida, independiente de la madre, por tener un nuevo bagaje genético, se postulan teorías que buscan definir desde cuándo se podría considerar que hay una persona. ¿Desde que aparece la línea primitiva? ¿Desde que se implanta? La ciencia busca un momento para justificar su intervención con los primeros días de la nueva vida. El informe Warnock, que la Sra Margaret Tatcher mandó a hacer para dilucidar este tema, decidió arbitrariamente poner el día 14 como el día hasta el que se podría experimentar sin tener cargo de conciencia.
 
Una reflexión mas profunda, la que aporta la filosofía y la teología, nos lleva a ver que nadie puede llegar a ser humano si no lo ha sido desde el instante mismo de su concepción. Allí se inicia el fantástico viaje hacia la plenitud física, espiritual y sobrenatural, es decir hacia la plenitud humana.
 
Tal vez nos surja la pregunta ¿Qué pasa con las técnicas de fecundación asistida, donde la concepción se realiza en un laboratorio? La persona fruto de esa intervención técnica es tan digna como cualquier otra persona. Pero no podemos dejar de preguntarnos si la reproducción en un laboratorio y no como fruto del amor de los esposos, es el ámbito mas digno y sagrado para la concepción de una nueva vida. La ciencia hoy puede todo, pero no todo lo que puede corresponde a la dignidad de la persona. No podemos dejar de nombrar las muchas vidas humanas descartadas, congeladas y destruidas que se producen por este tipo de intervenciones.
 
María concebida en amistad total con Dios nos muestra el valor de la vida humana desde su concepción en el seno materno, fruto del amor de los esposos. Casi podríamos decir que la Inmaculada es la protectora de los cigotitos porque ese momento de su vida es el que celebramos, Ella como un pequeño cigotito lleno de Dios.
 
Y esa predilección con que Dios la bendijo desde ese instante de su vida floreció en su Divina Maternidad. Un Dios hecho bebito, que pasó por todo el proceso de gestación en ese seno inmaculado de su Madre, en sus purísimas entrañas y ahora lo entrega generosa a la humanidad. Un canto al la vida. A esa vida oculta, que no se ve, pero que es toda promesa.
 
Si María hubiera dicho que no en el momento de la anunciación, tal vez el Verbo de Dios no se encarnaba. Hubiera sido como un aborto, la negación a que Dios se haga hombre. Su si generoso, no solo logró que el cielo descendiera a la tierra en Jesús sino que nos trajo al salvación a todos nosotros. Ella hizo posible LA ViDA
 
Arrodillémonos frente al pesebre en esta Noche Santa, agradezcamos el don de la Vida y pidámosle a estos dos grandes amantes de la vida por todos nuestros hermanos que por causa de abortos, sean quirúrgicos, químicos o como sobrantes de la fecundación in Vitro no han podido llegar a su plenitud humana.
 
Diciembre mes de locura exterior y de alegría interior. Mes donde las grandes fiestas celebran la vida. Que María, feliz en su maternidad proteja y cuide a todas las mamás, especialmente a aquellas que están en riesgo de abortar regalándoles la aceptación de esa nueva vida que se ha concebido. Y en esa alegría agradezcamos por nuestra propia vida y la de todos nuestros seres queridos.
 
Lic.Hna. M Virginia Perera
Comisión de Bioética Padre José Kentenich

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