Juventud Femenina
domingo, 20 de mayo de 2012
  Columna de Asesoras  

 

 

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¿Una fe activa o pasiva? ¿Qué rol juego yo?

 

Vivimos tiempos donde a Dios cada vez se lo hace más ausente. Él es el Omnipresente, o sea, presente detrás de todo acontecimiento y situación. Él siempre está, el tema es saber hacerlo presente.

 

Por momentos pareciera que Dios y nosotros hablamos lenguajes totalmente diferentes. Hoy solemos hablar más de un idioma a la vez, pero el idioma del corazón, ese lo desconocemos. Y es justamente ese idioma el que habla Dios.

 

Como San Agustín, cuántas veces podemos decir: “Te busqué oh Dios fuera de mí, pero tú estabas dentro de mí.”

 

Qué necesario es ir dentro de uno, ir hacia el corazón de uno mismo para poder entrar en diálogo con Dios.

 

En este tiempo de Cuaresma, podemos ir al desierto y acompañarlo a Jesús a lo largo de estos 40 días. Lo que Jesús hizo ahí, fue justamente entrar en diálogo con Dios.

 

Y en ese diálogo podemos tomar diferentes actitudes. Hay quienes frente a Dios toman una actitud de negación, Dios no existe, no lo necesito, yo puedo vivir mi vida sin Él. Son los que hacen y deshacen en su vida sin preguntarse qué es lo que Dios quiere. No esperan nada de Él, todo lo esperan de su propio esfuerzo. Por lo general son personas muy trabajadoras y responsables. Viven en función de su trabajo o estudio, no hacen en su vida otra cosa más que eso. Programan, proyectan. Hacen. No están quietos.

 

En parte, ¡qué importante es contar con personas trabajadoras! El trabajo es una fuerza creadora muy importante; también en el trabajo está el progreso, y cuánto anhelamos como argentinos progresar. Sin embargo, ¿qué suele pasar con ellos? Frente al primer fracaso se desilusionan a tal punto que muchas veces no saben cómo seguir…  Un examen desaprobado, un trabajo que salió mal, un proyecto que no se dio, pueden ser muchas veces motivos de depresión, angustia o resentimiento. Hubo un factor externo que arruinó todos mis planes, y eso me abate, tira abajo el ánimo.

 

Esta actitud frente a la vida es la que nuestro Padre y Fundador llamaba “Activistas de la historia”.

 

Pero existe también la actitud opuesta, la de los “Pasivistas de la historia”; ¿cómo actúan ellos? Dejan que todo transcurra, no se preocupan por nada. Sólo viven la vida esperando que las cosas sucedan sin intervención de ellos. Llevan anhelos en el corazón pero no se juegan por ellos. Si se dan bien, sino, no se molestan. Para cada cosa dicen: “Si Dios quiere…” dejando toda la responsabilidad en manos de Dios y sin querer asumir compromiso algunote su parte a la circunstancia.

 

Los pasivistas se parecen a aquel náufrago que le había pedido a Dios ayuda para no morir ahogado en medio del mar. De pronto aparece un barco pequeño, pero el náufrago no se quiere subir porque dice que Dios ya lo va a salvar. Aparece una balsa, pero la deja pasar porque está segurísimo que Dios lo va a salvar. Aparece un helicóptero que le tira una soga pero no la acepta confiando plenamente en Dios que lo va a salvar. Hasta que finalmente muere ahogado. Al encontrarse cara a cara con Dios le pregunta por qué no lo salvó. Y Dios le responde: “te envié un barco, luego una balsa, un helicóptero, ¿por qué no hiciste nada para subirte a ellos?”

 

Ninguna de estas dos posturas son las que la Mater nos enseña en su Santuario. La actitud más plena es la de conjuga lo positivo de las otras dos y le agrega un elemento esencial: el arraigo en Dios.

 

Desde ese arraigo que se cultiva con la vida de oración, con momentos de Santuario, con la vida sacramental, me pregunto en cada circunstancia: ¿Qué me pide Dios? ¿Qué está esperando de mí? Y en base a eso, actúo.

 

Es la actitud de los Creadores de Historia. Ellos saben mirar al pasado para descubrir el paso de Dios en los acontecimientos transcurridos. Y desde esa experiencia actúan proyectándose hacia el futuro.

 

Los creadores de historia saben jugarse no tanto por sus anhelos sino por los anhelos de Dios. Cuentan que una vez le preguntaron al Padre Kentenich si le parecía bien fundar Schoenstatt en un nuevo país. Le dieron todas las explicaciones objetivas de por qué convenía fundar en ese país y el Padre escuchó todo. Pero después respondió diciendo que él nunca se hacía dejado llevar sólo por cuestiones objetivas (quizás algo así sería lo más propio de los activistas de la historia), sino que a lo objetivo le sumaba algo esencial que era la voz de Dios, el signo palpable de Dios que abriera una puerta hacia ese objetivo. Años más tarde, un Seminarista diocesano de ese país, tomó contacto con Schoenstatt y selló su Alianza de Amor con María en el Santuario. Al regresar a su país de origen, quiso comenzar a fundar Schoenstatt.

 

Ésta actitud era muy propia en él. Por ejemplo, nadie más que el Padre Kentenich podía ver objetivamente las debilidades de carácter de las personas. Objetivamente las veía, pero no por eso buscaba educarlas. Sólo lo hacía cuando la persona se lo pedía. Él solo actuaba cuando descubría una señal clara de Dios para hacerlo.

 

¿Cómo hacer para descubrir que esas señales son de Dios? El Padre Kentenich nos enseñó muchas tácticas de oración para llegar a descubrirlo:

 

Las 3 preguntas meditativas me llevan a entrar en un diálogo sencillo con Dios.

 

Cuenta un matrimonio que conoció al Fundador que en una de las conversaciones que tuvieron con él, el señor le contó que estaba meditando con un libro filosófico que había recibido. Se trataba de una persona muy capaz y muy intelectual que disfrutaba con el estudio y con su trabajo. El Padre lo escuchó y al terminar de hablar le dijo que era lindo que meditara esas cosas, pero que lo más importante era meditar el libro de la vida, llegar a su casa y escuchar lo que su señora le contara de sus hijos, que escuchara sobre la vida de su familia y se preguntara en la meditación: “¿Qué me dice Dios? ¿Qué me digo a mí mismo? ¿Y qué le respondo frente a esta situación concreta de los hijos y el día a día de la vida familiar?” Este hombre cuenta que de esa manera aprendió a rezar con el Dios de la vida, a entrar en diálogo con Él a través de las circunstancias, de las cosas más insignificantes. Y que ese diálogo sencillo lo ayudó a descubrir a Dios y su querer en las grandes cosas. Se trata de un entrenamiento en lo pequeño para llegara a estar capacitadas para lo grande.

 

Pensemos qué rol queremos jugar nosotros en nuestra fe, el rol pasivo que no hace nada, que no se esfuerza, que deja que las cosas se den. O un rol que ignora a Dios, que no espera nada de Él, un rol de autosuficiencia. Los dos roles son posibles, pero existe el tercer rol, el que actúa desde un arraigo profundo en Dios. Sólo el que se anima a practicarlo puede descubrir que en definitiva es el único rol que vale la pena…

 

Hna María Sol

 

Comentarios

# Pili Bresca
martes, 19 de abril de 2011 01:57 p.m.
Que linda reflexion, espero porder aplicarla en mi vida, y que me ayude en esta cuaresma. Un Saludo grande a todas las Hermanas.
# Belen
martes, 19 de abril de 2011 05:53 p.m.
Que lindoo, me encanto la reflexion... encerio.. El rol de uuna persona influye mucho a los que nos rodea, y por eso es importante saber que rol jugar hoy en dia en nuestro ambiente, en nuestro mundo, y que mejor momento de cuaresma para tratar de descubrir el rol que queremos seguir.. muy bonita la refexion, Hna M. Sol, muy lindo todo lo que pones en la pag, espero que esten todas bien un saludo...

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