San Juan, 9,10 y 11 de Octubre 2010
Un día un amigo de la Juventud Masculina me dijo: - ¡Consu! ¿Te prendes si vamos a San Juan para ayudar a la juventud de allá a construir su Santuario?, obviamente le dije que SI.
Ya me imagine cargando ladrillos, preparando cemento y cortando madera, muy poco femenino pero si era para la Mater, así será.
El tema fue cuando esto empezaba a tomar forma y se anotaban para ir cada vez más y más, estaba feliz, ya que muchos de mis grandes amigos de Schoenstatt iban, pero la incertidumbre de saber bien qué haríamos allá me carcomía por dentro.
Le pregunté a uno de los encargados de qué se trataba y me respondió: vamos a misionar, para ayudar a construir el Santuario, ellos todavía no tienen Santuario, asique lo están conquistando.
Mi idea seguía siendo exactamente la misma, estaba completamente segura de que íbamos a poner la piedra fundacional y que íbamos a construir con nuestras manos el Santuario de María. Después les pregunté: ¿pero qué vamos a hacer exactamente? Y nadie me respondió, les pregunté de nuevo: ¿no tienen ni idea que vamos a hacer exactamente, verdad? Y me dijeron: SI, no tenemos la más pálida idea, pero nosotros dijimos SI.
Así fue que llegó la gran noche en la que partimos, el Padre Fede Piedrabuena nos esperó hasta antes de partir para que estemos todos y así darnos la bendición y el envió.
¡Todos Arriba! Dijo el chofer y entre medio de bolsos, guitarras, bolsas de dormir, mochilas, más bolsos, valijas, las Peregrinas, y más bolsos, partimos.
Estábamos repletos, muchos de nosotros incomodos, entre chocolates, papas fritas y otras cosas pasamos el viaje.
Llegamos a la casa de Jesús, suena providencial, pero de verdad llegamos a la casa de Jesús Torres, uno de la Juventud Masculina de San Juan, que junto a Catalina de la JF nos dieron un Gran desayuno con muchas cosas ricas.
De ahí cargamos los bolsos en un súper auto, de esos como de payasos, y nos fuimos caminando hasta la iglesia, donde se juntarían todos los San Juaninos y los Mendocinos, empezamos a saludar a todos, estaban esperándonos felices de que tanta gente de Córdoba viniese para ayudarlos en su primer Misión.
Apenas llegamos, entramos a la iglesia donde estaba Ella, ahí reluciente, esperándonos, cantamos algunas canciones y salimos para recibir la bendición del Padre y ya partir, ahí fue donde recién me quedó en claro qué íbamos a hacer, Misionar, nada más ni nada menos que Misionar, si hay algo en este mundo que más me gusta hacer, es eso, Misionar para María.
Era nada más ni nada menos que llevar Schoenstatt a la gente de San Juan, llevarles las buenas nuevas de que María se quería asentar en ese lugar para regalar sus dones, a pesar de que ya lo estaba haciendo.

Subimos al colectivo y emprendimos viaje hasta el colegio en donde vivimos en comunidad durante esos 3 días.
Hicimos algunos juegos de integración, repartimos remeras, almorzamos, y tuvimos nuestra primer misa de misión, afuera, bajo unos árboles enormes, junto a un viñedo y de fondo las montañas de San Juan, mientras los pájaros volaban, el día era perfecto, como regalo de María, la briza pasaba suave entre nosotros como abrazándonos y dando Gracias por tantas almas congregadas para Ella solo para Ella.
Era fantástico, después nos separaron en parejas misioneras donde me tocaron los mejores compañeros que podría haber tenido, Flori (futura doctora, gran vocación de servicio) y Martin (futuro sacerdote, gran vocación espiritual), y así llena de alegría con mis nuevos compañeros, nos fuimos a misionar.
Estuvimos llenos de regalos, todo el tiempo a cada persona que misionábamos descubríamos algo que María nos daba.
Pudimos mostrar el mensaje de esperanza que tiene María, pudimos llevar fuerzas y alegrías, pudimos recibir testimonios de vidas, testimonios de milagros, de matrimonios santos, ejemplos de familias, recibimos tantas cosas.
La última noche después de divertirnos un poco con algo de teatro, me puse a hacer denarios y rosarios para regalar al día siguiente en nuestra zona, así se empezaron a prender más y más misioneros curiosos con ganas de aprender a hacerlos, éramos como 10 misioneros haciendo denarios y rosarios todos juntos hasta las 5 de la mañana.
Al día siguiente partimos a nuestra zona donde ya había un grupo de niños esperando por Martin, que había prometido llevar regalos, asique nos juntamos con algunas mujeres de la zona y los niños para aprender a rezar el rosario, repartimos lo que habíamos hecho la noche anterior y entre canciones y oraciones pasamos la mañana.
Felices todos nos despedimos de cada uno.
Ya desde los primeros días habíamos pasado a hablar con un hombre de 83 años llamado Tobares, él solía tomar y lo encontrábamos no siempre en las mejores condiciones pero sin embargo él había sido el primero en abrir su corazón y pedir a María que proteja a sus hijos; el último día fuimos a saludarlo y nos encontramos con que, estaba mucho mejor, feliz y que nos estaba esperando con gaseosa, en cuestión de segundos llegaron a su casa sus nietos, su hija y su hijo, todos con sonrisas, hablando de la vida, lo llenamos de regalos y rezamos todos juntos; jamás voy a olvidar la sonrisa de Tobares, feliz, iluminado, con su familia al lado.
Así nos despedimos de todos y volvimos al colegio, donde nos esperaba la despedida mas difícil, invitamos a todo

s los San Juaninos a participar de la misión que organizamos los de Córdoba (GM8) y nos dijimos aDios.
Creo firmemente que en este tipo de misión se cumple a la perfeccion el ideal de Schoesntatt, los Vínculos. Una vez terminada la misión, quedan vínculos fuertes que fueron, son y serán unidos a través de María.
El Santuario de San Juan ya existe en la comunidad, el Santuario que hay ahora es un santuario que va más allá de lo físico, más allá de ladrillos y tejas, es un Santuario Vivo!
Cuando volví y me acordé lo que creía que iba a hacer en San Juan, no me retracté, fuimos a ayudar a construir un Santuario Vivo, fuimos a recibir testimonio de fortaleza, de unión, de comunidad, testimonios de vínculos, de Juventud.
¡San Juan tiene un Santuario Vivo!
Gracias San Juan!
Consu Pinto, JF Córdoba.