hmariasol publicado en septiembre 21, 2010 04:50

Jorgelina Jordá/JF SANJUAN. La primavera, no hay quien niegue que sea la estación más bella de todas. Con los brotes de flores, ese olor a jazmín y el verde que se renueva alegrándonos el día y haciendo de cada lugar un hermoso lugar. Esta comprobado que es la mejor estación para salir de toda depresión, para enamorarse, cambiar el ánimo, sonreír más y retoma fuerzas para terminar el año. ¡Que hermosa es la primavera! ¡Qué hermosa sus flores! ¡Qué hermoso el vuelo de la mariposa! ¡Qué relajante ese sol que empieza a calentar nuestras mejillas y cierra nuestros ojos en un respirar! Si nos damos cuenta en Schoenstatt hay muchas expresiones que nos remiten a lo alegre y a lo bello: “Jardín de María” “El canto del cisne” “La primavera sagrada” “Moriré sonriendo querida Mta”. Desde muy lejos pareciera ver que Schoenstatt vivió en “Alicia en el país de las maravillas”, que nuestra historia de movimiento nació con sonrisas y morirá con sonrisas bailando el vals de las flores.
Me acuerdo cuando fui a conocer Metternich, en Alemania, lugar donde vivió la Hermana Emilie y allí la hermana María Julia que nos guiaba, nos comentaba la historia del jardín de María. Ella misma nos dijo: “Cuando alguien piensa en un jardín de María piensa en todo lo bello y en hermanitas dóciles, sumisas y pasivas disfrutando de la naturaleza. Pero esto no fue así sino que fue un jardín heroico, eso supuso la entrega de la vida de muchas hermanas. Entre ellas las que trabajaban en los hospitales de Coblenza y tenían que proteger a los enfermos y conseguirles refugios cada vez que sonaba la campana por ataques aéreos”.
La "Primavera Sagrada" también es una expresión que como primera impresión nos remite a algo bello. Pero muy pocas veces nos relaciona con octubre de 1938 cuando los nazis ocuparon Schoenstatt y los seminaristas ¡Se quedaron sin casa! ¿Qué será de Schoenstatt ahora con los nazis a metros? , Julio Steinkaul y Enrique Schäfer debían marcharse a la guerra ¡Que será de la Iglesia! Se estaban cerrando conventos, seminarios y colegios católicos porque el gobierno nazi invadía Alemania con su nacionalsocialismo a costa de lo que sea. Fueron los chicos de ese curso heroico que le preguntaron al Padre Kentenich muy asustados pero confiados ¿Padre y ahora qué hacemos? ¡Si Schoenstatt está en manos de los nazis! ¡Este lugar no podría llegar a garantizar la supervivencia del movimiento! El Padre con todas sus manos puestas en Dios respondió: “Guardemos la herencia” y esas simples palabras iluminaron al curso para guardar esa herencia en sus corazones, ellos tenían la misión de ser unos segundos José Engling “Dar la vida por los próximos 25 años del movimiento” así como lo hizo la primera generación.
Volvieron a retomar el lema de Max Brunner “¡Ave imperatrix Morituri Te Salutant!” y como debían camuflar sus expresiones religiosas se apoyaron en el ideal de la “Primavera Sagrada” sostenido por el símbolo del Versacrum, donde el oleo sacrificándose da luz al mundo. Eran tiempos difíciles y a pesar que ellos eran jóvenes les tocó vivir una realidad muy dura donde debía darse el todo por el todo, la vida por la vida y seguro que tenían miedo. Enrique Schäfer decía “Nos mandan a combatir para defenderlos y a la vez nos usurpan nuestro hogar, lo que más apreciamos, es como si nos clavaran por la espalda”. “Siento que pierdo mi pureza en la guerra” escribía Julio en su diario.
Como en la Antigua Roma debían entregarse por la salvación de su pueblo “Por unos pocos que se inmolan se salva todo un pueblo”. ¿Y a donde quedo lo bello de la primavera? Franz Reinisch murió sonriéndole a la MTA pero en una horca por ser coherente con sus valores cristianos. ¿Y el florecer del nuevo amanecer? ¿Dónde estaba Dios delante de tanta maldad y diablismo? Esos chicos fueron semillas que murieron y dieron frutos a una hermosa primavera , a un Schoenstatt lleno de vida, lleno de fuerzas de Dios, lleno de alegría, un Schoenstatt misionero en todo el mundo, con un gran arraigo al fundador como un verdadero padre y esto dio lugar a un Schoenstatt Familia.
El 30 de enero de 1942 escribe Julio “... Hace largo tiempo que surgen en mí alrededor las preguntas sobre el sentido de la guerra, de esta vida, de la vida. Ayer, alguien decía “No puedo ver más lo noticieros, sobre todo la cantidad de muertos” ¿Por qué todo esto? Sí, justamente, ¿por qué? ¿Qué sentido tiene esta vida, tal como es ahora? Es probable que alguien, ante esto, se lamente de no saber por qué morir. ¡Yo lo sé! Ver Sacrum ”
Empieza la primavera ahora falta conquistar nuestra primavera espiritual. Debemos llevar un nuevo mensaje al mundo, a las universidades, a nuestros entornos. Quizás ahora la guerra no sea física sino moral, quizás la patria necesita nuestra entrega de corazones para salvar los valores del pueblo argentino. Pidamos la gracia del heroísmo que tuvieron estos jóvenes y entregaron su vida a la Reina. No tengamos miedo a entregar nuestra misión, nuestros ideales, nuestra creencia católica, nuestra alegría profunda, nuestros estudios , nuestro noviazgos puros, nuestros talentos, nuestro tiempo todo al reino cristiano.
Los tiempos de Juventud, son tiempos de heroísmo, es el máximo esplendor de nuestra vida. “Es la primavera de la vida” decía Juan Pablo II. Seamos conscientes que nuestro tiempo, nuestro pueblo nos necesita como héroes y asumamos nuevamente el valor de esta “Primavera Sagrada” como la generación que dará todo por la nueva generación de los 100 años de Schoenstatt. ¡Ha Llegado la hora de tu Amor! No tengamos miedos de levantarnos a la mañana o al entrar al santuario de saludar a nuestra Madre con un convincente y alegre ¡AVE IMPERATRIX MORITURI TE SALUTANT!