hmariasol publicado en julio 19, 2010 12:20

Queridas Mujeres Nuevas:
Soy Luchi Carricart. Empecé mi camino en Schoenstatt en el año 1996 y ya nunca más lo dejé. Ahora tengo 27 años, estoy casada con José (hoy hace 7 meses) y vivo en la ciudad de Chascomús. Hoy les escribo para compartir con ustedes la huella que dejó la JF en mí.
Por motivos de “vejez”, de trabajos, y de mudanzas ya no participo en la JF. Sin embargo, siento que mi corazón está ahí y no hay día que no recuerde, por alguna u otra razón, todo lo que Schoenstatt me enseñó. La verdad es que marcó mi vida, y me moldeó de una manera muy especial. En Schoenstatt aprendí a defender mi personalidad, a ser una persona íntegra que se juega por lo que cree, a conocer mis pasiones, a ser libre, entre tantas otras cosas tan necesarias a la hora de ser una Mujer. Pero lo más
valioso que me dio es el vínculo imborrable con la Mater.
Habiendo pasado por campamentos, retiros, grupos, charlas, jornadas y años de JF, una se encuentra de repente en otros lados muy distintos donde las herramientas que la Mater nos regala son imprescindibles. Y cuando necesitas confiar, simplemente te sale “En Tu Poder y en Tu Bondad”. O cuando empezás a aflojar, “Hija del Padre…”. Todas las mañanas “Oh, Señora mía...”. Todas las noches “ Gracias por todo, Madre..” Mientras ordeno mi casa y redescubro mi Anillo del Círculo de Miembros y sé que hay otras tantas mujeres nuevas por el mundo, intentando lo mismo que yo. Intentando sembrar pureza, firmeza y calidez. Son muchas las veces en el día que vuelvo a mi Fuente, mi Base. Todo lo que recibimos en nuestros años de JF hace de CIMIENTO para luego tener vínculos sanos y una rica espiritualidad. La vida nos va poniendo a prueba pero la Mater siempre está.
A veces miro hacia atrás y puedo ver cómo sigilosamente la Mater sie
mpre se hizo presente en todos los lugares adonde “caí” con un poco de miedo. Cuando estaba en 7mo grado mi familia se mudó de San Isidro a Mar del Plata. Entrando a mi nuevo colegio, con dudas e incertidumbre, por primera vez vi un cuadro grande de la Mater en la entrada del edificio. También tenía una ermita donde pasábamos muchos recreos.
Al terminar la secundaria me volví a estudiar a Buenos Aires (y en San Isidro continué mis años de JF). A los tres años decidí cambiarme de carrera y con muchísimas dudas me presenté para entrar en dos posibles facultades. En una no pude entrar, y en la otra me esperaba un cuadro enorme de la Mater antes de entrar a clase cada mañana. También tenía una ermita.
Me recibí y llegó el momento de irme a vivir sola ya que en Buenos Aires había vivido todos mis años de facultad en la casa de unos tíos. Había que despegar. Alquilamos un departamento con una amiga en un barrio que no conocíamos mucho. Tercer día, de compras al almacén encuentro una plaza (la cual debía cruzar todos los días) y en la plaza… una ermita de la Mater.
Finalmente conocí a José (¿puede que el nombre sea casualidad??!) que vivía en Chascomús. También con algunas dudas pero muy enamorada nos embarcamos en un noviazgo a distancia, con todo lo que eso implica. Y yo no conocía Chascomús pero la primera vez que vengo a visitarlo, a una cuadra de su casa encuentro: una ermita de la Mater! Para entonces ya lo sabía. Una vez más me mostraba el camino. En los pasos más grandes de mi vida puedo ver que la Mater siempre cumple. Me guía y después me acompaña. Me indica los mejores lugares, adonde me quiere. Ella tiene las riendas.
En la JF tengo GRANDES amigas. Algunas ya Hermanas de María! Amigas con las que comparto muchísimo más que la vida diaria. Los recuerdos que tengo de los años en la JF son MUCHOS y todos lindos. Sentí que el Santuario era mi segundo hogar. Ya estaba metido en mi rutina, los domingos grupo de vida, en la semana adoración, reuniones de jefas, organización de eventos, o simplemente ir a tomar mate con
una amiga o juntarnos a estudiar todas las mañanas en la sede para preparar finales. Una muy buena combinación! La JF siempre fue ALEGRIA en mi vida.
Se que hoy soy diferente por haber pasado por la JF. Esos años dieron sus frutos. Espero poder pasar y transmitir esa “especialidad” a mis hijos y a los que me rodean. De algo estoy segura, la Mater siempre me espera a la vuelta de la esquina. Ojala todas puedan aliarse a Ella y entregarse a la JF con fervor, disfrutando de todo lo que se recibe.
Les mando un abrazo,
Unidas,
Luchi Carricart.-