publicado en junio 27, 2011 10:09

Este pasado viernes nos sorprendió con una triste noticia: el retorno de Odette Vallendor a la casa del Padre. Hoy queremos hacerle un pequeño homenaje a la que fue una de las fundadoras de nuestra queridísima Juventud Femenina.
Odette nació en el seno de una familia alemana y fue una de aquellas chicas que empezaron a frecuentar la casa de las Hermanas de María en Villa Ballester. Así, Odette comenzó a adentrarse, al igual que Carmen Söros, en el mundo schoenstatteano.
Al principio, las reuniones apuntaban a la conquista espiritual del Santuario de Nueva Helvecia, que era una nueva esperanza para las Hermanas, ya que no tenían más conexión con el Original y se daban cuenta que sin Santuario no podían transmitir Schönstatt.
Después, le tocó el hermoso regalo de conocer al Padre y Fundador, cuando él vino a nuestras tierras, en 1947. Así, comprobó en carne viva que estar con el Padre te llena de seguridad y confianza.
Con el tiempo, siguió creciendo dentro de Schönstatt, tanto en la JF, como después, en su vida matrimonial, ya que se casó con uno de los jóvenes de la Juventud Masculina. En un viaje que hizo con su marido a los Estados Unidos, una vez más tuvo el regalo de encontrarse con el Padre. Allí, él les dio la misión de empezar la corriente de los Santuarios Hogar y, además, comenzar la Obra Familiar en la Argentina.
Así, las enseñanzas que le dejó la JF, le sirvieron para el resto de su vida, ya que esos primeros momentos con las Hermanas fueron la puerta de entrada a un mundo nuevo, a un mundo del cual nunca se iba a separar: el mundo schoenstatteano. Ese mundo que le dio los valores y la fuerza con la que vivió toda su vida y que le dejó una enseñanza valiosísima: confiar, ante todo, en la Mater, en que Ella se glorificará. Esa enseñanza que le transmitió a cada persona que tuvo la alegría de conocerla.
Que Odette, mediante su vida sacrificada y en permanente oración, nos siga enseñando que la Santísima Virgen siempre se glorifica en nuestras vidas. Y que ella pueda descansar en las manos del Padre, protegiendo a su familia, tal como lo hizo en vida.