Un poco de historia:
El P. Kentenich es el Fundador de la Familia de Schoenstatt. Nació a fines del siglo pasado, el 18 de Noviembre de 1885, en la ciudad de Gymnich, Alemania. En 1906 ingresó a la comunidad de los Padres Palotinos, siendo ordenado sacerdote en 1910. Dos años después de su ordenación, le fue encomendado por los superiores el cargo de Director Espiritual de los alumnos del Seminario Menor de los Padres Palotinos. Como educador desarrolló una fecunda labor con ellos, labor que culminó con la fundación del Movimiento en 1914. A partir de allí consagró toda su vida a la Familia de Schoenstatt. Después de una vida rica en bendiciones, falleció el 15 de Septiembre de 1965, dejando como herencia una Obra de dimensiones universales.
¿Por qué se acentúa tanto la vinculación al Padre Fundador en el Movimiento de Schoenstatt?
No debe extrañarnos que la Familia de Schoenstatt acentúe tanto su vinculación al Fundador. Es un hecho que todas las comunidades ven en su fundador un instrumento predilecto del Señor y reconocen en él la voluntad de Dios para con ellas. Piénsese, por ejemplo, en San Benito y los benedictinos; en San Francisco y los franciscanos; en San Ignacio y la Compañía de Jesús; en Santa Teresa de Avila y las carmelitas. Los últimos Papas han acentuado la necesidad de que las comunidades religiosas profundicen y vivan lo más intensamente posible el carisma de su fundador y se distingan por un fiel seguimiento a su persona y sus enseñanzas. Así se asegura la vitalidad del Cuerpo de Cristo, que muestra su riqueza y unidad en la diversidad de los carismas que reparte el Espíritu Santo.
Junto a estas razones, válidas para cualquier comunidad en la Iglesia, hay que agregar que la profunda vinculación afectiva de la Familia de Schoenstatt a su Fundador, está también íntimamente ligada a la originalidad misma del carisma de Schoenstatt. En medio de un mundo en el cual experimentamos, cada día en forma más intensa, la destrucción y disgregación de todos los lazos de amor o vínculos interpersonales, tanto en el campo familiar como laboral, Schoenstatt quiere cultivar en profundidad todos los vínculos queridos por Dios. Y dentro de éstos, la relación filial con el Fundador ocupa un lugar central. (150 preguntas sobre Schoenstatt. P. Rafael Fernández. Editorial Patris).
TESTIMONIO DE UNA JOVEN DE LA JUVENTUD FEMENINA DE SCHOENSTATT
(...) Un 18 de noviembre sellé mi Alianza de amor con la Madre tres veces Admirable de Schoenstatt. Tenía dieciséis años y a la luz de las palabras del Padre a las chicas de la Juventud Femenina ya había descubierto mi Ideal Personal. Con dos amigas nos nació un anhelo, prepararnos para sellar también una Alianza Filial con el Padre Fundador. Fue así como el 18 de noviembre siguiente le regalamos a él, como ya lo habíamos hecho con María, todo lo que somos y tenemos, nuestras vidas. Es increíble como hoy, después de varios años, parece tan cotidiano ese hecho que sin embargo llamaría la atención de muchos. De muchos que olvidan lo que nuestra Iglesia nos enseña sobre la Comunión de los Santos, sobre la intercesión de todas las personas que ya están en el cielo, en compañía del Señor. Hoy ya no puedo imaginarme la vida sin Jesús en los brazos de María en el Santuario, sin la Familia de Schoenstatt, sin el Padre, mi Padre. Cada fecha de su vida es un hito también en la mía: la entrega alegre e incondicional del 18 de octubre, el salto audaz del 20 de enero, la cruz aceptada con paciencia el 31 de mayo. Cuando el dolor me golpea, o cuando me siento desilusionada por las cosas y las personas, pienso en todo lo que sufrió el Padre por su Familia, y sé que él se alegra porque Dios educa y "esculpe" con el cincel a su hijita pródiga. "Estamos uno en el otro en el corazón de Dios", dijo el Padre. "Desde la eternidad, el Señor nos pensó en una unidad, nos regaló uno al otro." El es mi Padre fiel, que conoce lo que inquieta a mi corazón y me quiere heroica y desprendida, libre y feliz para los hombres y para Dios.
A veces le pido que me bendiga cuando salgo del Santuario, para que me envíe con la fuerza del Espíritu Santo. Está siempre esperándome en cada tarjetita del "teléfono" y siempre responde cosas concretas cuando lo consulto sobre algo importante o bien simple y cotidiano. Por ejemplo, con las chicas de mi grupo nos da gracia cuando le preguntamos por un hecho que no sabemos cómo interpretar y él nos dice: "Es la voluntad del Padre, por eso calla, medita y ofrece." (Lamento reconocer que en esos casos generalmente guardamos la tarjetita al instante, o buscamos otra más consoladora... Pero él se encarga de que no le escapemos por mucho tiempo a su respuesta...)
Por supuesto que no todo es luz en esta relación de padre e hija: pero las sombras vienen por supuesto de mi parte. Innumerables veces me alejo, le fallo, me olvido de lo que él pensó para mí. No intento vivir vinculada a lo sobrenatural, siento que me falta el calor de un papá humano que me escuche y comprenda. Y luego de eso, cuando vuelvo a descansar en la paz de Dios, cuando dejo que Jesús salga a mi encuentro, en esos momentos lo descubro de nuevo al Padre con su buen humor, con su picardía, con su paciencia de santo... Entonces sale el sol y otra vez deseo más que nada ser una pequeña María para todos los que me rodean, en casa, en mi lugar de estudio o trabajo, entre amigos, entre la gente que pasa y no sabe lo bella que es la vida con Dios.
El Padre ha dado muestras de su santidad de los modos más variados: desde la conversión de muchos hijos suyos, el consejo y la ternura en momentos claves, hasta la 'milagrosa aparición' de los novios de algunas amigas... Fue un enorme regalo que Dios me hizo al poder estar en la tumba del Padre, en Schoenstatt original. Fue certificar una vez más su santidad en esa Capilla que es otro Santuario. Entre llantos y risas, en ese lugar renové la Alianza Filial, o mejor dicho, el Padre y yo renovamos nuestra Alianza. Me siento inmensamente feliz porque María me regaló para siempre a un padre humano, profeta de los siglos venideros, que tiene la gracia de estar muy cerca de Dios, y que quiere acompañarme para que yo acompañe también a muchos en la construcción del Reino del Señor que vive entre nosotros.